Quizás por la curiosidad de probar algo nuevo, por la novedad que falta en nuestra relación actual, por el gustito que tiene lo prohibido; o ¿tal vez algunas personas estamos estructuralmente destinadas a ser infieles? Las razones pueden ser muchas. ¿Cuál es la tuya?

De antemano aclaramos que no creemos que todas las mujeres son, han sido o serán infieles; de hecho, no es una bandera a levantar. Pero tampoco vamos a tirar la primera piedra para lapidar a una chica infiel. Yo, no puedo, porque también he sido infiel.

No es algo de lo que esté orgullosa, pero pasó.

Mi teoría es que tiene que ver con la tentación, con eso que quieres mucho hacer pero sabes que no debes. No somos perfectas, la carne es débil y errar es humano.

Si algo de lógica tiene el mito de Adán y Eva, por algo los mortales estamos condenados a una vida limitada. Recordemos que, viviendo en pleno Paraíso, Adán y Eva sabían que no podían probar esa manzana, Dios se los había prohibido. Y qué hizo el hombre, probarla.

¿Quién no se ha sentido tentada de probar, aunque sea un poquito, de algún fruto prohibido? El deseo mueve y la tentación despierta nuestros deseos. Hay quienes engañan por amor, porque simplemente se enamoran de otra persona. Pero también hay muchos otros que no buscan algo tan trascendental, solo quieren divertirse.

Según cuenta el sicólogo Rodrigo Jarpa en Belelú, la hipótesis más generalizada que explica una infidelidad es la “calentura”. Si bien, muchas veces es así, dice que en algunos casos hay otras causas que no son tan “prendidas”.

Por ejemplo, algunos son infieles como un intento de llenar algún vacío existente en su relación de pareja oficial, por escapar de la monotonía, como un modo de introducir una presión en la pareja para que cambie, también como un castigo por infidelidades previas o por querer traer excitación y aventura a la relación.

Muchas otras veces, las razones están fuera de la relación actual. Podemos querer probar nuestro coraje, aumentar la sensación de libertad personal e independencia, alimentar nuestro ego o simplemente divertirnos.

El sicólogo también dice que una infidelidad puede estar al servicio de una función específica. Por ejemplo, queremos terminar una relación y no podemos, entonces buscamos un tercero como salida. En un pololeo muy dependiente, puede ser un modo de asegurar la propia independencia. Cuando estamos con Mr. Perfección, puede ser la única forma de probar lo malo.

También pasa cuando el tipo se cree tu papá y te está enseñando todo el rato, el affair es una manera en que uno se siente capaz de tomar la iniciativa y tener control. Cuando falta ternura, tu patas negras puede ayudarte como contención. En un pololeo aburrido, puede ser la forma de romper la rutina y sentir excitación e impredictibilidad.

Ojo que, así como una infidelidad puede acabar con tu relación actual, a veces también la refresca. Puede fortalecer y expandir un buen pololeo, dándole un golpe de vitalidad como pocas cosas pueden dar. En fin, razones hay tantas como infieles.

 

Tú ¿has sido infiel? ¿por qué?

 

*Foto: noseq.com